06-abr-2009

Cinco lecciones de filosofía

Nooooooooooooooooooooo!!!!!

Ahora que ya tenía casi concluida mi tesis sobre Zubiri, van y sacan un nuevo tomo con un curso inédito. ¿Quién me dijo que no cogiera a un autor vivo para la tesis, ya que si no tendría que aumentar y corregir cada vez que publicase algo nuevo? Xavier Zubiri publicó 6 libros en vida, pero ahora ya lleva 23. En fin, habrá que seguir estudiando. A lo mejor, con suerte, cuando acabe la tesis ya están publicados todos los textos póstumos de Zubiri.

22-ene-2009

Buscando a LUCA

El antepasado original de la Tierra fue LUCA, no Adán ni Eva


Hay otro argumento contra el diseño inteligente. Un genetista evolutivo de la Universidad de Montreal, junto con investigadores de las ciudades francesas de Lyon y Montpellier, ha publicado un innovador estudio que caracteriza el antepasado común de todas las formas de vida de la Tierra: LUCA (Last Universal Common Ancestor*). Sus conclusiones, publicadas recientemente en Nature, demuestran que el organismo de hace 3,8 mil millones de años no era la criatura comúnmente imaginada.

El estudio cambia las ideas de la primera vida en la Tierra. ”Se creía, en general, que LUCA fue un organismo al que le gustaba el calor o hipertermofílico. Algo parecido a esos extraños organismos que habitan las calientes fumarolas de las cordilleras continentales en las profundidades de los océanos actuales (unos 90º Celsius)”, dice Nicolas Lartillot, coautor del estudio y profesor de bioinformática en la Universidad de Montreal. ”Sin embargo nuestros datos sugieren que LUCA fue sensible a las temperaturas más altas y que vivió en climas por debajo de los 50 grados.”

Fumarolas hidrotermales
Se pensaba que las fumarolas hidrotermales de las profundidades marinas eran un posible lugar para el origen de la vida y la evolución en sus primeros pasos.
Créditos: MBARI

El equipo de investigación comparó información genética de organismos actuales para caracterizar el antiguo antepasado de toda la vida de la Tierra. ”Nuestra investigación es muy parecida a estudiar la etimología de las lenguas modernas para descubrir cosas fundamentales sobre su evolución”, dice el profesor Lartillot. ”Identificamos rasgos genéticos comunes entre animales, plantas, bacterias y los usamos para crear un árbol de la vida con ramas que representan especies separadas. Todas son ramas del mismo tronco: LUCA, la composición genética que después nosotros caracterizamos más.”

Reconciliando datos contradictorios

Los hallazgos del grupo son un paso importante hacia la reconciliación de ideas sobre LUCA. En particular son mucho más compatibles con la teoría de un primitivo mundo de ARN, en el cual la primera vida en la Tierra se componía de ácido ribonucleico (ARN) antes que de ácido desoxirribunocleico (ADN).

No obstante, el ARN es especialmente sensible al calor y es improbable que permanezca estable a las altas temperaturas de la Tierra primigenia. Los datos del doctor Lartillot y sus colaboradores indican que LUCA encontró un microclima más frío en que desarrollarse, lo cual ayuda a resolver esta paradoja y muestra que los microámbitos jugaron un papel crucial en el desarrollo de la vida en la Tierra.

Fumarolas hidrotermales
La vida más antigua pudo haber utilizado el ARN para funciones actualmente desempeñadas por el ADN y las proteínas.

Del ARN al ADN: la prueba de la evolución

”Es sólo en un paso subsiguiente que los descendientes de LUCA descubrieron la más termoestable molécula de ADN, que adquirieron independientemente (presumiblemente de virus) y la utilizaron para reemplazar el viejo y frágil vehículo de ARN. Este invento les permitió abandonar los pequeños microclimas fríos, evolucionar y diversificarse en una multiplicidad de sofisticados organismos que pudieron soportar el calor”, añade el doctor Lartillot.

*Último Antepasado Común Universal



Nota:
Enlace al original: Pluriversia
Enlace al original en inglés: Looking at LUCA
Fuente: Astrobiology Magazine
Traductor: Fernando Muñoz Sagasta

10-ene-2009

Una clase magistral de filosofía

Los filósofos siempre han sido mal comprendidos, y más si han osado tener tendencias krausistas en un país tan poco dado a las innovaciones pedagógicas como España. Muestra de ello es la carta que aquí dejo de Menéndez Pelayo a su amigo Antonio Rubio el 30 de mayo de 1874. Habla principalmente del modelo de docencia que ejercía, a finales del XIX, el catedrático de metafísica Nicolás Salmerón. Ya sé que seguramente muchos de los que lean esta carta le darán la razón la razón a Menéndez Pelayo, pero qué queréis que os diga, a mi me encanta la crítica que se le hace ya que pone en evidencia la corta vista de algunos y muestra la quintaesencia de la filsofía. También sé que con estas ideas pocos serán los que se inclinarán por el estudio de la filosofía, y mucho menos por leer mis divagaciones blogservadoras en busca de la sabiduría. Pero, es que las cosas son como son: si entiendes lo que un filósofo dice a la primera, es que no se ha expresado bien (o es que escribió un libro para ganar el premio Planeta). Leed sobre todo lo que resalto en negrita y gozad de una clase magistral de filosofía.

«Hoy, mi queridísimo Antonio, estoy lleno de temores y sobresaltos. Figúrate que el Sr. D. Nicolás Salmerón y Alonso, ex-presidente del Poder Ejecutivo de la ex-República Española y catedrático de Metafisica en esta Universidad, entra el día pasado en su cátedra y después de limpiarse el sudor, meter la cabeza entre las manos y dar un fuerte resoplido, pronuncia las siguientes palabras, que textualmente transcribo, sin comentarios ni aclaraciones: 'Yo (el ser que soy, el ser racional finito) tengo con Vds. relaciones interiores y relaciones exteriores. Bajo el aspecto de las interiores relaciones, nos unimos bajo la superior unidad de la ciencia, yo soy maestro y Vds. son discípulos. Si pasamos á las relaciones exteriores, la Sociedad exige de Vds. una prueba; yo he de ser examinador, Vds. examinandos. Tengo que hacerles a Vds. dos advertencias, oficial la una, la otra oficiosa. Comencemos por la segunda. Como amigo, debo advertirles a Vds. que es inútil que se presenten a exámen, porque estoy determinado a no aprobar a nadie, que haya cursado conmigo menos de dos años. No basta un curso, ni tampoco veinte para aprender la Metafísica. Todavía no han llegado Vds. a tocar los umbrales del templo de la ciencia. Sin embargo, por si hay alguno que ose presentarse a examen, debo advertirle oficialmente que el examen consistirá en lo siguiente: 1º Desarrollo del interior contenido de una capital cuestión en la Metafísica dada y puesta, cuestión que Vds. podrán elegir libremente. 2º Preguntas sobre la Lógica subjetiva. 3º Exposición del concepto, plan, método y relaciones de una particular ciencia filosófica, dentro y debajo de la total unidad de la Una y Toda Ciencia'. Como nos quedaríamos todos al oír semejantes anuncios, puedes figurártelo, considerando que Salmerón no nos ha enseñado una palabra de Metafísica, ni de Lógica subjetiva, ni mucho menos de ninguna particular ciencia (como él dice), pues en todo el año no ha hecho otra cosa que exponernos la recóndita verdad de que la Metafísica es algo y algo que a la Ciencia toca y pertenece, añadiendo otras cosas tan admirables y nuevas como esta, sobre el conocer, el pensar, el conocimiento que (palabras textuales) 'es un todo de esencial y substantiva composición de dos todos en uno, quedando ambos en su propia sustantividad, o más claro, el medio en que lo subjetivo y lo objetivo comulgan' y explicando en estos términos la conciencia, como medio y fuente de conocimiento. 'Yo me sé de mí (¡horrible solecismo!) como lo uno y todo que yo soy, en la total unidad e integridad de mi ser, antes y sobre toda última, individual, concreta determinación en estado, dentro y debajo de los límites que condicionan a la humanidad en el tiempo y en el espacio'. En tales cosas ha invertido el curso y ahora quiere exigirnos lo que ni nos enseñó ni nosotros hemos podido aprender. Esto te dará muestra de lo que son los Krausistas, de cuyas manos quiera Dios que te veas siempre libre. Por lo tanto he determinado examinarme aquí de Estudios críticos sobre Aut. Griegos e Historia de España, y después al paso que voy a Santander, me detengo en Valladolid y me examino allí de Metafísica, librándome así de las garras de Salmerón.»

06-ene-2009

El lugar del cristianismo en una sociedad plural

¿De qué tipo de reconocimiento es objeto el cristianismo en las diferentes sociedades a la altura del siglo XXI? La pregunta es importante, porque la respuesta influye tanto en la autoestima de los cristianos como en la fiabilidad del mensaje. El mensaje de una religión que tiene mala prensa está desacreditado de antemano. La respuesta a esta pregunta es completamente distinta en las distintas sociedades. Pero, limitándonos a las que nos son más próximas, cabría decir que en algunos países el cristianismo es sumamente apreciado, bien por haber ganado el crédito en su apuesta por los pobres, bien por la posición dominante de la Iglesia en la sociedad. Mientras que en otras, como la española, existe una clara polarización de posiciones. Algunos grupos católicos viven como si la nuestra no fuera una sociedad plural, como si el monismo nacionalcatólico siguiera vigente. Mientras que en los restantes sectores, que son mayoritarios, el tema religioso es «socialmente incorrecto», de suerte que el creyente ha de practicar la autocensura si no quiere ser excluido del libro de los que tienen derecho a la existencia.

Esta situación es, obviamente, perversa en sus dos polos. Por una parte, es una radical hipocresía de las sociedades supuestamente pluralistas y tolerantes que las gentes no puedan expresar su pertenencia religiosa, cuando a todo el mundo le es dado ¿como debe ser? expresar pertenencias nacionales, sexuales o futbolísticas. Ésta no sólo es una situación injusta, sino que está estrechamente relacionada con el futuro del cristianismo, porque, a fin de cuentas, el futuro de las religiones depende mucho de que los creyentes crean realmente que tienen entre las manos algo muy valioso para la vida personal y compartida. Y depende también mucho de que la pertenencia a una comunidad creyente se considere con toda normalidad como una de las que forman parte de eso que ha dado en llamarse «ciudadanía compleja». Si la ciudadanía compleja es la que no arrumba las diferencias, sino que acoge en su seno las diferencias, como puedan ser las sexuales o las lingüísticas, igualmente habrá de acoger las diferencias religiosas y reconocer que ésa es una forma de identidad tan respetable al menos como otras. Y no sólo porque otra cosa es discriminación y exclusión injusta, sino porque si la identidad religiosa no es reconocida como algo normal y valioso, la historia que puede contar el creyente está desacreditada de antemano. Ciertamente, todas las dimensiones de la cultura se nutren de tradiciones y de historia, y si algunas tradiciones y algunas historias dejan de ser contadas por censura y por autocensura, difícilmente se va a recurrir a ellas para responder a las preguntas vitales. Por eso, junto a la leyenda negra es importante también contar la leyenda blanca, la de los que se dejaron y se dejan la piel desde la vivencia religiosa, que no es sólo la del amor a Dios, sino también la vivencia del amor al otro. Cierto que la leyenda negra no es tal leyenda, sino triste realidad, pero igual de cierto es que tampoco la leyenda blanca es tal leyenda, sino gozosa realidad. Es la que cuentan las noticias, cuando anuncian que todos han abandonado un país en guerra, excepto los misioneros, mujeres y varones que se comprometieron vitalmente con gentes a las que no quieren abandonar. Pero no lo dicen sólo las noticias, sino que conocemos a muchos de ellos, que han entregado su vida a tumba abierta por una convicción de fe religiosa, hecha a la vez de amor a Dios y de entrega a los otros.

No sé si coinciden con los canonizados públicamente. Son los que apostaron y apuestan por lo débiles, los que arriesgaron y arriesgan por los sin éxito, los que ponen razón y sentimiento al servicio de los sin voz. Las miríadas de mujeres y varones que han creído y creen en Jesús de Nazareth. También su historia hay que contarla desde los orígenes, porque son los que redefinen y negocian la identidad cristiana.
(Adela Cortina, "El futuro del cristianismo en una sociedad plural", Veritas nº 13, 2005, pp. 100-101 )

20-dic-2008

Feliz Navidad a todos

30-nov-2008

Font de Mora dimisión y, por favor, menos manipulación




En torno a 100.000 personas, según la organización, se manifestaron este sábado en Valencia contra la política educativa del Gobierno autonómico. Lo hicieron en un ambiente de euforia porque se rebasaron todas las previsiones de asistencia: “Es la protesta más grande que se ha hecho en esta ciudad desde el ‘No a la guerra de Irak” era la valoración más repetida, aunque la Policía Nacional rebajó la cifra de asistentes a 40.000, según informa Europa Press. Los allí presentes pudimos comprobar que, si bien 100.000 puede ser un número muy grande, los manifestantes superaban con creces los 40.000. El recorrido estaba a rebosar y, mientras la cabeza de la manifestación había llegado al Palau de la Generalitat, en la sálida quedábamos más de la mitad de los manifestantes (y estamos hablando de un recorrido de unos 3 km). Sin embargo entro a la página de Canal 9, la televisión autónoma, y me encuentro con dos noticias relacionadas, a saber:

MANIFESTACIÓ EN DEFENSA DE L'ENSENYAMENT PÚBLIC
Ahir de vesprada els carrers de València van ser l'escenari d'una manifestació en defensa de l'ensenyament públic. A la marxa es va rebutjar la politica educativa del Consell i també es van vore pancartes demanant repostes a Zapatero. La manifestació va ser convocada per associacions d'estudiants, pares i sindicats i a ella es van sumae els partits d'esquerres. Rebutgen l'asignatura d'educació per a la ciutadania en anglés tot i que el Consell acaba d'anunciar una moratòria d'esta mesura. La policia local ha xifrat en 12 mil els manifestants, per baix de les espectatives dels convocants. Els comerciants s'han queixat a la delegació del govern per autoritzar esta manifestació el primer dissabte de campanya de Nadal.

POTENCIACIÓ DE L’ENSENYAMENT DE L’ANGLÉSEs destinaran 150 milions d'euros a potenciar l'ensenyament de l'anglés. Ho ha anunciat el conseller d'Educació, Alejandro Font de Mora, durant una reunió amb regidors d'Educació per a reforçar el plurilingüisme, un dels pilars de la política educativa del Govern valencià educativa. (Ver video).

Estoy convencido que si la manifestación hubiese sido montada por colectivos de padres en contra de la EpC la manifestación hubiese sido retransmitida en directo, algo ya muy común en Tele Madrid. Sin embargo, al conseller le ha salido el tiro por la culata. Al borinot de Font de Mora le están creciendo los enanos. Pero, no pasa nada, él tiene la razón y los vagos de los profesores y unos cuantos padres exaltados, analfabetos izquierdosos como se los ha catalogado, han jodido el buen funcionamiento de la campaña navideña. La pela es la pela. Pero digo yo, si de verdad hubiesen sido 12.000 manifestantes, ¿de verdad se hubiese notado tanto cuando precisamente un sábado cualquiera de campaña navideña hay mucha más gente en los centros comerciales de las calles de Valencia? Creo que esta vez les hemos tocado bien las narices a nuestros políticos. Pero como de costumbre, aquí no ha pasado nada.

AMB AQUESTA EDUCACIÓ, FONT DE MORA DIMISSIÓ.

08-nov-2008

Moral como estructura y moral como contenido: Zubiri interpretado por Aranguren.

El autor que más ha dado a conocer la filosofía de Xavier Zubiri, al menos desde el plano moral, ha sido José Luis López Aranguren. Él mismo llegó a decirlo: «Durante veintiocho años, yo he sido el único expositor por escrito de la ética de Xavier Zubiri, a él debo lo mejor y lo menos malo de mi ética»[1]. Catedrático de ética en la Universidad de Madrid, asiduo seguidor de los cursos orales de Zubiri y colaborador suyo en la tarea de asesorar a la editorial Taurus en sus comienzos[2], en 1958 publica su Ética, libro que se convertiría en un texto clásico de la reflexión moral española y que servirá como base en la formación de autores tales como Adela Cortina, Victoria Camps, Javier Muguerza o Fernando Savater, gracias al desarrollo que de él hará Aranguren en sus clases de la universidad. Este libro, tal y como su autor nos advierte en el prólogo, ha de ser puesto junto a la obra de Pedro Laín Entralgo La espera y la esperanza y, al igual que éste, debe mucho a la obra no impresa de Xavier Zubiri, sobre todo al curso que impartió entre los años 1953 y 1954 acerca del problema del hombre.

El punto de partida de su reflexión es la superación de todo dualismo que afectase a la moral. «Aranguren captó agudamente que las reflexiones zubirianas sobre la realidad moral no atañían a los contenidos duales: bueno-malo, honesto-inhonesto, justo-injusto, etc., con que calificamos las acciones humanas, sino algo anterior y más fundamental, a saber: a la estructura radical del comportamiento humano»[3]. Desde este principio, Aranguren se centrará en la búsqueda de una fundamentación de la ética, rechazando los formalismos «puros» los cuales considera incapaces de guiar la conducta humana en forma próxima; pero también rechazando la moral de contenidos, la cual degenera en una casuística. Frente a las éticas formales, la de Aranguren se presenta como una ética material, sin embargo la categoría de material habría que matizarla ya que no presenta contenidos, al menos de un modo inmediato, por lo que también podría entenderse como una ética formal. A esta ética Diego Gracia la ha catalogado como «ética formal de bienes», aunque Adela Cortina ha propuesto el rótulo de «ética estructurista», categoría que conviene mejor que las tradicionales «material» o «formal», «sustancialista» o «procedimental», ya que lo que propone Aranguren no es primariamente ni una forma por la que se rijan las normas morales ni unos contenidos morales extraídos de la naturaleza humana o de las distintas tradiciones, sino que busca el diseño de la estructura moral de la realidad que es el ser humano[4].

La estructura moral del hombre Aranguren la deriva, siguiendo a Zubiri, de la comparación entre la conducta animal y la humana. En el animal el ajustamiento con el medio es perfecto ya que los estímulos en él suscitan respuestas perfectamente adecuadas. El hombre comparte parcialmente esta condición, ahora bien, por la complicación y formalización de su organismo, éste no puede dar respuestas ajustadas y por lo tanto queda en suspenso ante sus estímulos. Es así que para que la vida del hombre sea viable biológicamente, éste tiene que hacerse cargo de la situación y tiene que habérselas con las cosas y consigo mismo no ya como estímulos sino como realidades. «Al animal le está dado el ajustamiento. El hombre tiene que hacer ese ajustamiento, tiene que iustum facere, es decir, tiene que justificar sus actos»[5].

La respuesta que el hombre da al medio no le viene dada, sino que tiene que darla. Para conseguir dar esta respuesta la inteligencia tendrá un papel predominante ya que será ella la que mostrará las cosas como realidades en las cuales se descubrirán unas posibilidades que tendrán que ser apropiadas para conseguir el ajustamiento. Gracias a su inteligencia el hombre se sitúa frente a la realidad, no en los estímulos, y desde esta realidad tendrá que dar una respuesta. Pero esta inteligencia es, como ya había dicho Zubiri, una inteligencia sentiente. «La inteligencia –afirmarán Zubiri y Aranguren– es constitutivamente sentiente, se hace cargo de la realidad a través de esa unidad de inteligencia y sentimiento, que no sólo es “vidente”, no sólo es capaz de ver, sino es también “posidente”, ansiosa de poseer»[6]. Es por su inteligencia por lo que el hombre se encuentra en la realidad; tiene una versión a la realidad la cual posee un carácter noérgico. «Lo esencial de este acto –acto y no acción– es ser ejecutivo, esto es, físicamente (y no sólo intencionalmente) ejecutada. Puede y debe, pues, hablarse de su carácter noérgico»[7]. Es así que «el hombre tiene una inteligencia sentiente, cuya esencia consiste en estar en realidad. Este estar en realidad tiene carácter “noérgico”, es decir, es un estar real en realidad (reduplicative)»[8]. Tal y como muestran estas citas, Aranguren es, junto a Laín, el primero que hace público el concepto zubiriano de «inteligencia sentiente» y el primero que muestra, muy tempranamente, la importancia del carácter noérgico del acto de inteligir la realidad, algo que Zubiri había apuntado en su curso oral sobre filosofía primera en los años 1952 y 1953.

El hombre, por su inteligencia sentiente, aprehende las cosas como realidades, no como meros estímulos, y por esta condición ha de habérselas con la realidad; ha de dar él una respuesta ya que no le es dada. De las distintas posibilidades que la realidad le brinda ha de apropiarse de unas y dejar otras, y esto ha de realizarlo desde la más absoluta libertad, ya que nada en él indica cuál será la respuesta correcta. Por esta razón el hombre tendrá que hacer su vida ya que no se le ha dado hecha y es así que el hombre, entendido éste desde su realidad, es estructuralmente moral ya que su vida consistirá en idear posibilidades y elegir aquellas que se juzguen mejores. Por ello la moral, lejos de tratar de deberes y normas, es un quehacer. La moral consistirá en forjar la propia realidad de cada uno, en hacerse cada uno una realidad por apropiación a partir de la realidad que cada uno posee por naturaleza. La moral será un quehacer que tiene su fundamento en la estructura moral del ser humano. La moral será una estructura. También siguiendo estos planteamientos la responsabilidad será estructural.

Ahora bien, la elección que cada un realiza en su vida aun siendo libre nunca es arbitraria. El hombre elige pero esta elección la realiza en función de algo. ¿Qué es lo que hace preferir al hombre una cosa y no otra? La respuesta que nos da Aranguren es doble. Por un lado lo que mueve al hombre a elegir es su propia felicidad. El hombre proyecta su vida y establece aquello que supondrá su plenitud, esto es, aquello en lo que se realizará su figura, la felicidad. Así el hombre actúa porque persigue la felicidad. «La felicidad es, a fin de cuentas, la meta última presente en cualquiera de nuestras acciones y elecciones, la que guía nuestras constantes e inevitables apropiaciones. La felicidad no la elegimos, sino que estamos ligados a ella, lo queramos o no»[9]. Por otro lado, el hombre se mueve por la bondad misma de la realidad. Las posibilidades de ser feliz son múltiples y de todas estas posibilidades emergen bienes, sin embargo hay bienes que conducen más que otros a la felicidad y estos bienes reciben el nombre de deberes. Por los deberes el hombre se obliga a apropiarse aquellos bienes que conducen a la felicidad; pero es la felicidad la que hace que los deberes sean debidos, y no al revés. Estos bienes más propicios a favorecer la consecución de la felicidad son descubiertos en la realidad. Siguiendo la máxima clásica, para Aranguren el bien y la realidad convergen, y será en la misma realidad donde el hombre captará esos bienes de los que se apropiará para su propia felicidad, ya que en ella distinguirá características que harán que ciertas posibilidades sean más preferibles que otras.

Todo este proceso es el que Aranguren llamará moral como estructura, el cual será la base de los diferentes sistemas morales que ha habido a lo largo de la historia, y que han llenado de contenido esta estructura. Vemos por tanto que la moral estructurista de Aranguren, aun no pudiéndose catalogar de formal, participa de los planteamientos del formalismos; eso sí, aquí no se puede hablar de un formalismo deontológico sino agathológico. «En el formalismo deontológico hablamos de la forma lógica, en el agathológico, de la estructura antropológica. […] Tanto el formalismo kantiano como el procedimentalismo “neokantiano” atribuirían a la razón –práctica o comunicativa– la pretensión de universalidad de las normas morales (no del bien moral), mientras que el formalismo agathológico, con el que dialogamos, atribuye tal pretensión de universalidad a dos polos: la estructura constitutivamente moral del hombre y la bondad de la realidad. La razón, por su parte, tendrá el papel ulterior de configurar los contenidos concretos»[10].

El ser humano elige atendiendo a aquello que considera que le conducirá a su propia felicidad. Esta afirmación ha sido una constante en toda la reflexión moral a lo largo de la historia; nadie ha puesto en duda que el hombre actúa movido por el deseo de alcanzar la felicidad y que lo hace movido por unas convicciones internas. Ahora bien, aquello que el hombre considera como mejor no significa que sea lo moralmente correcto o lo bueno. Se precisa de unos parámetros que sirvan como guía de la acción, de un contenido que canalice esta necesidad humana de alcanzar la felicidad. Vemos entonces que la moral como estructura precisa de un contenido moral al cual Aranguren llamará moral como contenido. Desde este nuevo estadio la justificación ya no consistirá en ajustarse a la situación y a la realidad, sino en el acto de ajuste a la norma ética. Esta norma que da contenido a la moral proviene de los distintos ideales que el hombre ha tenido a lo largo de la historia, los cuales han surgido de las distintas propuestas religiosas y de las diferentes situaciones sociales. Sin embargo, esta moral como contenido no puede considerarse, tal y como habitualmente se ha hecho, como la moral propiamente dicha. La moral no es cuestión de normas sino quehacer humano; las normas vendrán después, cuando el hombre ponga en marcha el proyecto de apropiación de la realidad para realizar su vida. Por ello «la moral como contenido se monta necesariamente sobre la moral como estructura y no puede darse sin ella»[11]. Partiendo de su estructura moral, el hombre tendrá que buscar, idear y elaborar aquellas normas morales que le permitan del mejor modo posible alcanzar su felicidad. Desde aquello que el hombre es, tendrá que proyectar aquello que quiere llegar a ser y obligarse a ello sin huir de la realidad sino haciéndose cargo de aquello que en ella descubre, el bien.



[1] J. L. Aranguren, «Antropología: moral, saber y fe en Zubiri», YA, Madrid, 26-nov-1986, p. 28.
[2] Cf. J. Corominas y J. A. Vicens, Xavier Zubiri. La soledad sonora, Taurus, Madrid, 2006, p. 570 y p. 589.
[3] G. Marquínez Argote, «Ética, estética y pedagogía desde Zubiri y más allá de Zubiri», Cuadernos de Filosofía Latinoamericana, 56-57, 1993, p. 15.
[4] Vid. A. Cortina, «Una ética estructurista del carácter y la felicidad. (Perfil zubiriano y aristotélico de la ética de Aranguren)», Isegoría, nº 15, CSIC, Madrid, 1997, pp. 96-98.
[5] J. L. Aranguren, Ética, (1ª ed., Revista de Occidente, Madrid, 1958), Alianza, 9ª ed., Madrid 2001, p. 48.
[6] A. Cortina, «Una ética estructurista del carácter y la felicidad», op. cit., p. 101.
[7] J. L. Aranguren, El protestantismo y la moral, (1ª ed, Sapientia, Madrid, 1954), Obras Selectas, Plenitud, Madrid, 1965, p. 282.
[8] J. L. Aranguren, Ética, op. cit., p. 87.
[9] A. Cortina, «Una ética estructurista del carácter y la felicidad», op. cit., p. 103.
[10] A. Cortina, «El formalismo en la ética y la ética formal de bienes», en AA.VV. Ética día tras día, Trotta, Madrid, 1991, p. 109.
[11] J. L. Aranguren, Ética, op. cit., p. 50.