16/11/2009
Ellacuría, 20 años de ausencia (IV)
Todas estas ideas que hemos venido planteando nos conducen a una conclusión, y es que la historia se puede entender como una responsabilidad del hombre. La realidad histórica, por ser una estructura abierta, es una responsabilidad que ha de asumir el hombre ya que, siguiendo la fundamentación que exponíamos más arriba, ha de hacerse cargo de la realidad extendiendo esta afirmación a la realidad histórica; el hombre ha de hacerse cargo de la realidad histórica, ha de cargar con ella y ha de encargarse de la misma.
De esta dinamicidad personal e histórica, así como de la propia estructura humana, ambas consideradas como un hecho, Ellacuría extrae una exigencia ética: que el hombre ha de ser cada vez más humano. En esta exigencia se condensa tanto la responsabilidad que el hombre tiene para consigo mismo como la responsabilidad histórica que el hombre tiene como especie. Ahora bien, esta exigencia se encuentra con el peligro de la presencia histórica del mal, el cual consistirá en todo aquello que no humanice al hombre; un peligro que en el momento presente de la historia adquiere una gravedad sin precedentes. «Puede decirse que la historia ha entrado hace poco en una nueva época, en una distinta altura de los tiempos, caracterizada tanto por su unidad universal real, históricamente real, como por la posibilidad, asimismo históricamente real, de tener que contar con su propio final, esto es, con un final que en buena parte depende de sí misma y de lo que vaya haciendo» .
Dada esta situación, y como fruto de la exigencia de responsabilidad histórica de la que hablamos, Ellacuría propondrá un nuevo proyecto de sociedad el cual tiene como horizonte la utopía. Este proyecto se basa en un principio universalizable como es la posibilidad de supervivencia y de humanización para todos. Un proyecto que, además, ha de realizarse desde la perspectiva de las mayorías oprimidas y no desde las minorías privilegiadas . Con este proyecto, y concluimos, Ellacuría imprime un carácter práxico a la filosofía de Zubiri. Un carácter con el cual pretende llegar a la verdad de la realidad y a la verdad de su interpretación. La praxis humana se ha de encaminar hacia la plenificación de la realidad y la ética se justifica porque la historia puede encontrar un fin trascendente. Sin embargo, con este intento lo que Ellacuría hace es acercarse a ciertas posturas de corte hegeliano e introducir en la filosofía de Zubiri el peligro de caer en el horizonte creacionista del que continuamente intentó huir. No obstante, y abogando en su favor, hemos de decir que el gran logro de esta interpretación es haber elaborado, frente a una hermenéutica puramente teórica, «una hermenéutica histórico-realista, que busca adecuarse a lo que es la historia como proceso real y determinante de toda la realidad humana, bajo el supuesto de que incluso los conceptos aparentemente abstractos y universales están construidos o elaborados desde el subsuelo de la praxis histórica» . Ellacuría asume los supuestos biológicos, antropológicos y morales de la filosofía de Zubiri dentro de la categoría de la realidad histórica, realizando así una personalísima interpretación desde la cual puede hablarse de responsabilidad y liberación.
13/11/2009
Ellacuría, 20 años de ausencia (III)
El objeto de la filosofía es para Zubiri el todo de la realidad dinámicamente considerado. La realidad es vista de forma unitaria, como totalidad y como estructura dinámica. Ésta es de carácter físico, material y además inmanente; sin embargo puede ser vista también desde una radical apertura a lo que podría ser una realidad trascendente. Ellacuría asume este planteamiento de Zubiri acerca del todo de la realidad y lo radicaliza afirmando que es la realidad histórica el envolvente de este todo dinámico en que consiste la realidad. Es así que la realidad histórica se convierte para Ellacuría en el objeto de la filosofía . Es en la realidad histórica en donde encontramos todas las demás realidades (la materialidad, la temporalidad, lo biológico, la persona, la sociedad) a modo de momentos estructurales suyos sin que por ello pierdan su autonomía.
Al ser la realidad histórica el lugar de máxima condensación de los dinamismos de la realidad, será desde donde mejor se pueda entender la naturaleza y la subjetividad humana. Esto es así también porque precisamente de la praxis del hombre depende el desenvolvimiento o la obturación de la misma. Siguiendo a Ellacuría, podemos decir que «la realidad histórica es una totalidad cualificada por sus elementos o momentos constitutivos, y está configurada y activada por la praxis […]. Se trata de una totalidad compleja y plural de carácter abierto, cuyos contenidos concretos y sus formas no están fijadas de antemano teleológicamente, sino que por su mismo formal carácter de praxis, aquéllos penden de las opciones humanas y de los dinamismos que estas opciones desaten, una vez que quedan objetivadas en las estructuras históricas» .
Siguiendo a Zubiri, Ellacuría nos muestra la historia como un proceso de capacitación en donde se actualizan realmente las posibilidades. «Lo que en ella se da no es formalmente un proceso de maduración o de desvelación, sino un proceso de capacitación: la historia es un proceso físico y metafísico de capacitación» . Ahora bien, este carácter procesual de la historia conlleva un riesgo permanente, y es que lo mismo que capacita puede descapacitar y lo mismo que le abre al hombre unas posibilidades le cierra otras. Por ejemplo, el desarrollo entendido tal y como lo ha hecho el capitalismo, basándose en la acumulación de capital y el consumo, ha cerrado otras posibilidades de vida que actualmente son irrecuperables. La historia se convierte así en una producción: «aumenta el saber, crece la memoria de lo ocurrido, se desarrollan los recursos, aparecen nuevas instituciones, surgen determinadas tensiones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción…» . La historia es la producción de unas capacidades y la apertura de nuevas posibilidades. Por ello consiste en hacer un poder.
Sin embargo, la historia no es algo que repose sobre sí misma; el sujeto de la historia no es ella sino el hombre en tanto que especie. Por tanto, este proceso de producción de capacidades no es algo mecánico que funcione autónomamente, sino que es el resultado de lo que hacen los hombres y de los dinamismos que proceden de ellos. La historia puede abrir nuevas posibilidades y generar capacidades liberadoras, o por el contrario obturar esta libertad y encaminarse hacia la alienación del hombre. Pero tanto la posible liberación así como la esclavización son fruto de la acción de la humanidad, y es que la apertura de la historia es una tarea de la humanidad misma.
04/11/2009
Ellacuría, 20 años de ausencia (II)
El principio del que parte Ellacuría es el intento de superar lo que llama el reduccionismo idealista de la filosofía occidental . Esta filosofía ha tenido dos tipos de desviaciones a lo largo de la historia: logificar la inteligencia, por un lado, y entificar la realidad, en el otro extremo. Pues bien, tanto la una como la otra pueden ser superadas desde la filosofía de Zubiri. En este pensamiento encuentra Ellacuría no sólo la superación de los reduccionismos de la filosofía occidental, sino también un realismo fundamentado en una teoría de la inteligencia, capaz de superar la clásica separación sujeto-objeto y que coloca a la realidad como la dimensión trascendental por excelencia. «Frente a los distintos procesos de entificación de la realidad –nos dice Ellacuría–, Zubiri insiste enérgicamente en la necesidad de dar toda la primariedad y principalidad filosófica a la realidad misma en el doble sentido de que la realidad es lo último y más abarcante y de que todo lo demás (ser, existencia, sentido, etc.) surge en y desde la realidad» . A esta teoría Ellacuría dará el nombre de «realismo materialista abierto».
Sin embargo, y a pesar del nombre, este tipo de realismo no ha de ser entendido tal y como tradicionalmente se ha expuesto esta doctrina. La realidad aquí no es algo «en sí» que sea captado inmediatamente por una inteligencia. La realidad es una formalidad; no es «en sí» ni «para sí», sino que es «de suyo», esto es, algo aprehendido por la inteligencia como actualización de lo real en tanto que real. Esta inteligencia es una inteligencia sentiente. Para Ellacuría, lo mismo que para Zubiri, «Inteligir y sentir son dos componentes de una única estructura que ejecuta un acto único, complejo pero uno, el acto de intelección sentiente. No se trata de una mera continuidad entre inteligir y sentir ni de una unidad objetiva en el sentido de que ambos versaran sobre el mismo objeto, sino de una unidad formal estructural». Es la inteligencia sentiente la que capta la realidad en un único acto, en un proceso unitario que Zubiri denomina aprehensión primordial de la realidad. Gracias a que el hombre posee esta inteligencia sentiente es por lo que puede habérselas con la realidad.
Esta inteligencia sentiente del hombre, y por la cual aprehende la realidad, tiene un origen material y biológico. Ellacuría considera que toda realidad intramundana es siempre material en cuanto que surge en el seno de la materia. Esta materia «es principio estructural de lo que son las cosas materiales y es, a la par, principio de actualidad; pero está, además, dotada de suyo de un dinamismo estructural y estructurante, gracias al cual hay un paulatino crecimiento de unidad y sustantividad a partir de la mera singularidad hasta llegar a la plena individualidad y sustantividad que compete a la persona humana» . La materia, por su dinamismo estructural, experimenta un proceso en el cual van apareciendo diferentes estratos, fundados unos sobre otros, y que van desde la primera manifestación de la materia o materia elemental hasta la materia viva. Esta materia viva sufrirá así mismo un movimiento progresivo, comenzando por la mera materia biológica y culminando en los organismos vivientes, los cuales poseen ya una independencia del medio y un cierto dominio sobre él, además de ostentar una manera peculiar de habérselas con las cosas y que es la suscitación y la respuesta. En un ulterior paso los organismos vivientes evolucionarán hasta el organismo animal, el cual además de tener independencia y control sobre el medio cuentan con un peculiar modo de habérselas con las cosas: el sentir. Es por la capacidad de sentir por lo que el animal capta las impresiones que llegan hasta él en forma de unidades autónomas frente a las cuales puede dar respuestas adecuadas. Esta función es la formalización y también está sujeta a todo el proceso evolutivo del que venimos hablando. De esta forma «a lo largo de la escala zoológica asistimos a una progresiva formalización, a una progresiva independización. A mayor formalización […] mayor riqueza de respuestas» . Por último nos encontramos con un animal cuyo desarrollo cerebral es tal que ya no podemos hablar de formalización sino de hiperformalización; éste es el hombre. Por su grado de formalización el hombre ya no puede dar respuestas determinadas a los estímulos, razón por la que su supervivencia se encontrará seriamente comprometida y por la que en él se producirá un salto cualitativo que consistirá en aprehender los estímulos como realidades. Como fruto de todo este proceso dinámico surgirá un hiper-animal dotado de una inteligencia sentiente mediante la cual tendrá que hacerse cargo de la realidad.
Desde estos supuesto descubrimos que la inteligencia tiene un origen y un fundamento biológico, pero de toda esta exposición podemos concluir que también la moral tiene un origen y una fundamentación biológica. Efectivamente, la moral, tanto para Zubiri como para Ellacuría, consiste en hacerse cargo de la realidad y apropiarse de la misma. Si este hacerse cargo tiene su origen en la inteligencia sentiente y ésta tiene una fundamentación biológica, también la moral tendrá el mismo tipo de fundamentación. Esto no significa, no obstante, que tengamos que reducir lo moral a lo meramente biológico, no es este el empeño de Ellacuría. Sí implica, y en esto hay un empeño especial, que veamos la orientación que arrojan para la acción humana sus notas biológicas. Lo biológico es un momento constitutivo de la realidad humana y, por tanto, debe intervenir en la fundamentación de la ética . El hombre es una realidad sustantiva cuyo carácter consiste en tener propiedades por apropiación. En esta apropiación consiste la realidad moral, ahora bien, este «tener que apropiarse» es para el hombre una necesidad biológica . El hombre queda así caracterizado como animal de realidades y como tal ha de abrirse a la realidad. Esta forzada apertura a la realidad se constituye de esta forma en principio de posibilidad de la ética y en fundamento de la misma, y presenta a su vez una estructura bien precisa que consiste en «hacerse cargo de la realidad», «cargar con la realidad» y «encargarse de la realidad» . La realidad se le muestra al hombre, entonces, como un encargo que propicia una praxis responsable desde la cual orientar una acción que se ha de encaminar a una cada vez mayor humanización del género humano. «La humanización de la especie humana se presenta así como el correctivo ético y la prolongación del proceso biológico de hominización» .
Hasta aquí la primera interpretación de la filosofía de Zubiri por parte de Ellacuría. Ésta podría resumirse en la afirmación de que la humanización del hombre es una responsabilidad ética que brota de la misma naturaleza biológica del hombre y del dinamismo de su propia realidad. No obstante, esta dirección no llegó a convencer plenamente al mismo Ellacuría y, sin abandonarla por completo, decidió buscar un fundamento metafísico el cual encontraría en la realidad histórica. La pregunta ahora ya no será únicamente qué hay en el dinamismo personal que lo empuje a una mayor humanización, sino, sobre todo, cómo debemos hacer para que la historia llegue a humanizar al hombre y para que éste humanice y plenifique la historia.
29/10/2009
Ellacuría, 20 de años de ausencia
el 16 de noviembre se cumplen 20 de años del brutal asesinato de Ignacio Ellacuría a manos de un pelotón de las fuerzas armadas de El Salvador. Sin embargo, como bien nos enseña la historia, la voz de aquellos que intentaron ser acallados resuena con más fuerza cuando se los convierte en mártires. Dos décadas después la voz de Ellacuría sigue denunciando la situación de injusticia en la que vivie el pueblo latinoamericano, lo mismo que su filsofía sigue siendo tan actual, si no más, que cuando el mismo Iganacio la pensaba. De esta faceta del Padre Ellacuría es en la que aquí nos fijaremos. En conmemoración al aniversario de su muerte, y hasta el día 16, iremos pubicando en el blog algunas reflexiones acerca del sentido y las influencias de la filosofía de Ignacio Elacuría. Sirvan pues estos escritos como homenaje a un hombre que supo enseñarnos que la filsofía también puede denunciar la injusticia y hacernos caer en la cuenta de que otro mundo es posible.INTRODUCCIÓN
En 1961 Ignacio Ellacuría, un joven jesuita de 31 años, acude a la residencia de Zubiri en Donostia con la idea de conocerle personalmente. En su primer intento no lo consigue, pero no desiste en su propósito. En esta época Ellacuría era un prometedor estudiante de teología y filosofía. A los diecisiete años se había ofrecido como voluntario para marchar a Centroamérica y abrir en El Salvador una casa de novicios. Desde ahí marchará a Quito donde empezará a acariciar la idea de complementar la filosofía de Santo Tomás con la filosofía moderna de Ortega y Gasset. Más tarde completará sus estudios en Innsbruck con Karl Rahner, en donde se familiarizará con la teología alemana y con la filosofía de Kant y Heidegger. Finalmente, y tras leer Naturaleza, Historia, Dios, se decanta por doctorarse con una tesis sobre Xavier Zubiri. Esta es la razón que le lleva a conocer al filósofo. Tras varios intentos, por fin consigue conectar. Zubiri y Ellacuría conversan toda una tarde sobre filosofía y teología, además del proyecto que supondría la tesis, algo que Zubiri verá con buenos ojos y a lo que concederá su colaboración . Entre 1962 y 1965 Ellacuría realizará sus estudios de doctorado en la Universidad Complutense de Madrid, bajo la dirección del mismo Zubiri, y en 1965 publicará su tesis doctoral La principalidad de la esencia en Xavier Zubiri. Sin embargo, la relación entre Ellacuría y Zubiri no acabará aquí sino que se extenderá a lo largo de la vida de ambos. Ellacuría aplicará la filosofía zubiriana dentro del marco latinoamericano y desde una clara visión liberadora, enriqueciéndola con nuevas aportaciones e interpretándola desde el diálogo con el mismo Zubiri. Es por ello que el desarrollo que Ellacuría realiza de esta filosofía pueda ser considerado como el más completo y elaborado de cuantos hasta el momento se han intentado. Salvando ciertos puntos que lo separan de la intención original y que comentaremos más adelante, podemos decir que posiblemente estemos ante quien mejor ha comprendido la filosofía de Zubiri y quien mejor la ha sabido aplicar a la realidad en la que se encontraba inmerso. Es de tal radicalidad este intento de aplicar y transformar la realidad a partir de la filosofía que la trágica muerte de Ellacuría, asesinado en 1989, muestra una vez más el poder profético y el compromiso con el hombre al que nos puede conducir un pensamiento que asuma la realidad como tarea propia.
Ignacio Ellacuría prolongará la reflexión zubiriana en dos direcciones. En un primer momento buscará una fundamentación de la moral basada en el análisis de la apertura de la propia realidad a la realidad histórico-natural. Más tarde considerará que este análisis resulta insuficiente para fundamentar la ética y que precisa de un criterio metafísico; éste lo hallará en el dinamismo histórico, en virtud del cual podrá elaborarse un criterio orientador de la acción . De la primera etapa cabe destacar sus escritos La idea de estructura en la filosofía de Zubiri, Introducción crítica a la antropología de Zubiri, Biología e inteligencia y Fundamentación biológica de la ética. De la segunda podemos citar El objeto de la filosofía, Utopía y profetismo desde América Latina y sobre todo Filosofía de la realidad histórica, su obra más elaborada.
06/04/2009
Cinco lecciones de filosofía
Nooooooooooooooooooooo!!!!!22/01/2009
Buscando a LUCA
El antepasado original de la Tierra fue LUCA, no Adán ni Eva
Hay otro argumento contra el diseño inteligente. Un genetista evolutivo de la Universidad de Montreal, junto con investigadores de las ciudades francesas de Lyon y Montpellier, ha publicado un innovador estudio que caracteriza el antepasado común de todas las formas de vida de la Tierra: LUCA (Last Universal Common Ancestor*). Sus conclusiones, publicadas recientemente en Nature, demuestran que el organismo de hace 3,8 mil millones de años no era la criatura comúnmente imaginada.
El estudio cambia las ideas de la primera vida en la Tierra. ”Se creía, en general, que LUCA fue un organismo al que le gustaba el calor o hipertermofílico. Algo parecido a esos extraños organismos que habitan las calientes fumarolas de las cordilleras continentales en las profundidades de los océanos actuales (unos 90º Celsius)”, dice Nicolas Lartillot, coautor del estudio y profesor de bioinformática en la Universidad de Montreal. ”Sin embargo nuestros datos sugieren que LUCA fue sensible a las temperaturas más altas y que vivió en climas por debajo de los 50 grados.”
![]() |
El equipo de investigación comparó información genética de organismos actuales para caracterizar el antiguo antepasado de toda la vida de la Tierra. ”Nuestra investigación es muy parecida a estudiar la etimología de las lenguas modernas para descubrir cosas fundamentales sobre su evolución”, dice el profesor Lartillot. ”Identificamos rasgos genéticos comunes entre animales, plantas, bacterias y los usamos para crear un árbol de la vida con ramas que representan especies separadas. Todas son ramas del mismo tronco: LUCA, la composición genética que después nosotros caracterizamos más.”
Reconciliando datos contradictorios
Los hallazgos del grupo son un paso importante hacia la reconciliación de ideas sobre LUCA. En particular son mucho más compatibles con la teoría de un primitivo mundo de ARN, en el cual la primera vida en la Tierra se componía de ácido ribonucleico (ARN) antes que de ácido desoxirribunocleico (ADN).
No obstante, el ARN es especialmente sensible al calor y es improbable que permanezca estable a las altas temperaturas de la Tierra primigenia. Los datos del doctor Lartillot y sus colaboradores indican que LUCA encontró un microclima más frío en que desarrollarse, lo cual ayuda a resolver esta paradoja y muestra que los microámbitos jugaron un papel crucial en el desarrollo de la vida en la Tierra.
![]() |
Del ARN al ADN: la prueba de la evolución
”Es sólo en un paso subsiguiente que los descendientes de LUCA descubrieron la más termoestable molécula de ADN, que adquirieron independientemente (presumiblemente de virus) y la utilizaron para reemplazar el viejo y frágil vehículo de ARN. Este invento les permitió abandonar los pequeños microclimas fríos, evolucionar y diversificarse en una multiplicidad de sofisticados organismos que pudieron soportar el calor”, añade el doctor Lartillot.
*Último Antepasado Común Universal
Nota:
Enlace al original: Pluriversia
| Enlace al original en inglés: | Looking at LUCA |
| Fuente: | Astrobiology Magazine |
| Traductor: | Fernando Muñoz Sagasta |



